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El éxito de la conservación del Oso pardo (Ursus arctos) en los Pirineos
Escrito por World Nature Jueves, 21 de Julio de 2011 18:43
En el año 1986, recuerdo bien el mes, era una primavera de abril, un grupo de naturalistas y algunos miembros del equipo técnico del Servicio de Fauna del Departamento de Agricultura de la Generalitat de Cataluña, iniciamos una serie de prospecciones en la Val d'Aran para averiguar cuantos osos se movían por el Pirineo. Nos encontrábamos ante una mermada población, que en el conjunto de los Pirineos no superaban los cinco ejemplares. Desde la Artiga de Lin hasta Canejan recorrímos los magníficos bosques araneses de abetales y hayedos en busca de rastros del Oso pardo. Fueron unos días emocionantes, especialmente para el grupo de naturalistas aficionados entonces, profesionales hoy, que nos sumergíamos en aquella aventura única.

No sin percances, rompimos el depósito de gasolina del Seat fura de mis padres con una roca en medio del camino de aquellas pistas forestales que recorríamos arriba a abajo. Caminábamos en silencio por unos bosques que nos ofrecían su máximo esplendor. El estallido de un bosque nuevo que se despierta después del sueño del invierno, y que nos regalaba olores y colores y hierba fresca. Hierba y flores que los osos buscan en estas fechas para hartarse después de la hibernación del riguroso invierno Pirenaico.Todo el equipo hicimos una prospección de gran alcance que acabó por encontrar unos cuantos pelos pegados en los árboles y una oveja predada por el oso. El cadáver, ya muy viejo de aquella oveja, no dejaba duda de su presencia. Aquellos fueron los inicios de un proyecto que hoy podemos dar por casi concluido. Los más de 25 osos que campan por el Pirineo son una realidad incontestable. Las extraordinarias condiciones ecológicas de los Pirineos han permitido una rápida y exitosa recuperación de esta magnífica especie. Tras el reforzamiento de la población de los osos originarios Pirenaicos con animales procedentes del este europeo, hemos pasado a tener una población de más de 25 osos que viven libres y en paz. Que se reproducen con gran éxito y hacen, poco a poco, crecer esta población, hoy todavía muy escasa, pero que con el tiempo llegará a tener unos efectivos aceptables. Han sido muchos años, polémicas y obstáculos, pero tozudamente la naturaleza, cuando la dejamos hacer, impone su verdad. Hoy el esfuerzo de la administración ambiental, pero también la de pastores, ganaderos y ciudadanos pirenaicos, junto con el resto del país y, especialmente, de todos aquellos que trabajamos para hacerlo realidad nos ha conducido a la recuperación de una especie emblema de un patrimonio tan importante y potente como son los Pirineos. Un patrimonio que nos pertenece a todos y del que no podemos prescindir, no sólo por su función ecológica, sino también porque se trata de una patrimonio cultural de primer orden. Sí, la naturaleza también forma parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio cultural y humano. Así como el edificio de la Pedrera o Boí Taüll, el Oso también es cultura, y la cultura, el patrimonio cultural y natural, no es ni bueno ni malo, es. Forma parte de nuestra historia, de nuestro patrimonio rico y valioso. Durante estos últimos días de junio y primeros de julio de 2011 he podido observar, por primera vez en mi vida de naturalista, el oso en mi casa, en los Pirineos catalanes. No puedo describir las sensaciones de las observaciones, pero quiero compartir con todos vosotros la emoción de un momento tan esperado, tan deseado y, sobre todo, tan trabajado. Desde diferentes organizaciones que impulsamos acciones para conservar los últimos osos Pirenaicos, los últimos de nuestra casa, hoy podemos exclamar: Bienvenidos a casa! Todos los problemas que hemos tenido, todas las dudas, todas las discusiones, han valido la pena. Viendo los osos desde el fondo de los valles, pastando tranquilamente en lo alto de la montaña, donde encuentra la hierba fresca y no lo molestamos, allí, en un rincón, al amparo de las montañas y los bosques a mucha distancia pudiendo contemplarlo tranquilamente, sin peligro, ni para ellos ni para nosotros. La última vez que lo vimos, desde la pista forestal donde estábamos, desayunábamos pan con chocolate extendidos al sol, o sentados sobre el coche mientras la Nhèu (hija de Havla) comía lirios y umbelíferas igual que una vaca. El 80% de la alimentación del oso es vegetal y por lo tanto, lo más natural es verlos pastando. Hasta el día de hoy, este año, han visto los osos, en el mismo lugar, más de 500 personas que habrán disfrutado de una magnífica y segura observación de nuestros osos y también, habrán llenado restaurantes, hoteles, casas rurales y campings . Esta es otra aportación que los osos harán a los Pirenaicos, nos entregan una nueva dimensión del turismo de naturaleza, aquel turismo dedicado a la observación, estudio y disfrute de la fauna y flora de la última gran reserva natural de Cataluña y España. Un ecosistema compartido con nosotros, los humanos, desde hace más de 2000 años. Este tipo de turismo, más especializado, está aumentando de una forma muy importante y sostenida en Europa. Un estudio sobre turismo en los Parques Naturales catalanes, del desgraciadamente extinto Departamento de Medio Ambiente, cifró en un 30% anual el crecimiento de este tipo de turismo. Seguramente no será la única aportación de los osos y la fauna y flora Pirenaica a nuestra sociedad, también nos aportarán belleza, sabiduría y orgullo por haber hecho, todos juntos, un acto de reconciliación que no se debe terminar nunca.

Dedicado a mis amigos naturalistas Miquel Rafa, Lluís Sanz, Xavier Parellada y Jordi Ruiz-Olmo con quien compartí, a los 19 años, los primeros pasos hacia la recuperación del Os pardo en los Pirineos.








